• Daisy Espinoza

La discusión que le compete a los hombres: cómo desprenderse de la masculinidad hegemónica

El IIDEJURE llevó a cabo un círculo de diálogo en donde cuatro profesionistas expusieron experiencias respecto a "ser hombres"

Foto: Cortesía // Captura de pantalla durante la presentación de los invitados

En tiempos de cambio, cada sistema necesita revisarse para luego modificarse. La masculinidad representa una parte importante de la sociedad y, como tal, hace falta que se discuta sobre ella para despojarnos de su arraigo y plantear posibles alternativas. Como parte de ese proceso, el Instituto Internacional de Justicia Restaurativa y Derecho (#IIDEJURE) llevó a cabo el Circulo de Diálogo: Transformando Masculinidades desde la Justicia Restaurativa el 22 de julio, a través de un directo desde su página oficial de Facebook.


De acuerdo con la directora del instituto, Violeta Maltos, el evento tomó el formato de un círculo de paz, que implicó que las personas charlaran sobre un tema sin hacer reparaciones de daño ni toma de decisiones, o resolver conflictos como en otros tipos de círculos; simplemente se trató de un diálogo. En él participaron Óscar Borjas, licenciado y maestro en Derecho por la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien fungió como facilitador; los demás integrantes fueron Emmanuel Álvarez, licenciado en Derechos Humanos y Gestión de Paz por la Universidad del Claustro de Sor Juana; Héctor Valle, licenciado en Psicología Área Clínica por la Universidad Regional del Sureste, y Genaro Hernández, licenciado en Derecho y maestro en Métodos de Solución de Conflictos y Derechos Humanos por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco.


En el espacio de preguntas y respuestas, Genaro definió la #masculinidad como el conjunto de comportamientos, actitudes o valores que implican ser hombre en una determinada sociedad. Asimismo, recordó que es una construcción social y, como tal, corresponde a un momento determinado, a una cultura específica, a un contexto histórico, a un territorio; es decir, en distintos lugares varía lo que es ser hombre. Ya con ese concepto aterrizado, Emmanuel explicó que para poder cuestionar dicha masculinidad y la violencia que puede derivar de ella, es necesario reconocer la existencia del #sistemapatriarcal, cómo participamos en él y que todos, de cierta manera, reproducimos la #masculinidadhegemónica.

Foto: Cortesía // El IIDEJURE convocó por redes al evento

Respecto a la #justiciarestaurativa, Héctor la describió como una práctica que busca un diálogo en el que se incluyan tanto a víctimas como ofensores en conjunto con la comunidad, para poder reparar los daños que han surgido a partir de un acto violento:

“También es un conjunto de ideas que nos llevan a repensar la justicia, las estructuras, y un posicionamiento en contra de la violencia en donde lo importante es repararnos y acompañarnos, más que ejercer sentencias o castigos”.

Destacó que los procesos restaurativos crean eventos emocionalmente significativos, pero que no debería definirse a la justicia restaurativa como `emocional-centrista´: “No se trata nada más que los hombres sintamos, sino que nos hagamos responsables de nuestra interacción a partir de las emociones”. La conversación se compuso de rondas en las que todos participaron sin ningún tipo de jerarquía, incluso mediante el mero silencio, ya que cualquiera tenía la libertad de abstenerse de hablar aunque fuera su turno. Una vez explicada la forma de trabajo, cada exponente se dedicó a presentarse y a explicar por qué habían decidido participar en el círculo; las razones fueron desde el interés por el tema, así como la importancia de crear espacios en los que se discuta al respecto, hasta la mera reflexión personal sobre qué es la masculinidad.


Uno de los propósitos del círculo fue llegar a la reflexión. Para Óscar, intentar transformar su masculinidad lo llevó a asimilar que también podía responsabilizarse de las personas a su alrededor, en especial de los hombres, en el sentido de tomar un posicionamiento al respecto e invitarlas a cuestionarse sus acciones. Emmanuel mencionó la importancia del respeto hacia la identidad, pues la reproducción de #estereotiposdegénero puede llegar al grado de afectar la integridad de una persona. Genaro vinculó el amor a la masculinidad debido a la complejidad que puede llegar a adquirir dentro de lo que significa ser hombre, sobre todo por lo poco que se expresa. Finalmente, Héctor consideró que la #equidad era también un aspecto difícil de trabajar en la masculinidad, porque no siempre se está dispuesto a desprenderse de privilegios.

Un espacio seguro para contar historias, porque somos las historias que contamos y compartimos, pero también somos las historias que se crean cuando compartimos


La primera ronda, dedicada a la generación de confianza, implicó que se compartiera una historia en la que los participantes contaran cómo les enseñaron a ser hombres. Al ser facilitador, Óscar inició la charla:

“Me enseñaron a ser hombre a través de la violencia, a través de no reconocerme y no ser honesto conmigo, y no confiar en nadie”.

Relató una experiencia en la que, en un intento por no ser excluido, terminó acosando a un niño de nueve años junto a sus compañeros de escuela hasta que éste no soportó y decidió transferirse; lo molestaban simplemente por el hecho de que le gustaba cantar.


Por su parte, Emmanuel dijo sentirse identificado con el relato anterior, pues en muchas ocasiones no encajaba con lo que se esperaba de él pues se inclinaba más por aspectos típicamente considerados como femeninos. Consideró que es importante tener información y referentes de la diversidad en la infancia, debido a la posibilidad que alguien no se sienta cómodo con las expectativas de binarismo:

“Desde siempre es importante tener otros referentes, saber que puedes ser parte de la diversidad sexual o que puedes ser diferente y que eso está bien, y también construir masculinidades y feminidad que no sean violentas y reproduzcan estereotipos”.
Foto: Cortesía // El formato de círculo de paz permitió a los participantes expresarse libremente

Genaro, de igual forma, se sintió identificado respecto al rechazo de lo diferente y a la necesidad de tener que imitar determinados patrones que él veía que eran bien recibidos por los demás: “Un símbolo de lo que implicaba ser hombre era saber a cuántas chicas, mujeres, niñas, se podía conquistar; aquellas frases o preguntas del tipo ‘Genaro tiene una novia en la escuela y tiene una novia en la colonia’, y de pronto eso era aplaudido y motivo de orgullo”. A pesar de que tanto su niñez, como su adolescencia y parte de su adultez, estuvieron marcados por ese tipo de conductas, eventualmente logró darse cuenta del daño que causaban.


Héctor se definió como un joven que en su adolescencia se aprovechó de su corpulencia para amedrentar a sus compañeros. Relató una anécdota en la que, durante su estadía en la secundaria, un chico comenzó a llorar antes de que pudiera agredirlo físicamente y que por esa razón decidió detenerse; sin embargo, sus amigos continuaron lo que él había iniciado:

“Ahí entendí mucho sobre la masculinidad: aunque se niegue uno, hay un grupo que va a empujarte a ser hombre”.

Aunque hoy se define como una mejor persona, aceptó haberse aprovechado de los privilegios que tuvo y, aunque también llegó a sufrir violencia como hombre, considera que fue un ofensor antes que nada.

Si te apegas más al esquema, tienes más poder


La segunda ronda trató sobre distinguir entre la masculinidad hegemónica y las nuevas #masculinidades que se quieren trabajar. Al igual que en la anterior, Óscar comenzó y explicó que hechos tan arraigados como asignarle un color a cada género y tener que apegarse a esa norma pueden verse en cualquier lugar, por lo que es difícil intentar enseñar algo que no se apegue a lo ya establecido; por ello, inculcar una masculinidad disidente es una tarea que debe realizarse en conjunto.


Emmanuel destacó la exclusión de la que son sujetos todos aquellos hombres que no encajan con las características de la masculinidad hegemónica: los que son parte de la diversidad sexual, los de bajos recursos, los que pertenecen a algún grupo indígena, los que viven con una discapacidad. La mayoría no logra cumplir con las expectativas impuestas que ya están normalizadas y eso provoca que constantemente sean rechazados o violentados.


Para Genaro, las expectativas asociadas a la masculinidad hegemónica son las causales de la desigualdad:

“Se nos enseña a partir de supuestos negativos: soy hombre porque no soy niña, soy hombre porque no soy homosexual, soy hombre porque no lloro ni soy frágil”.

Las características vinculadas a la supremacía no solo se expresan en el dominio que se ejerce sobre las mujeres, sino también entre hombres, sobre todo con los que no se acercan al arquetipo.

Héctor concordó con todas las características antes mencionadas y agregó que existen porque están ancladas al poder. Para él, la hegemonía se construye a partir de discursos de lo que se debe ser y sobre qué tan atrayente puede resultar convertirse en el hombre que la cultura y la comunidad esperan, pues eso puede devenir en la consecución del ejercicio del poder sobre otros. Agregó que obedecer la hegemonía es más fácil que ser parte de las disidencias.

En cada eje se ejerce violencia


La tercera ronda abordó los ejes de trabajo en las masculinidades. Óscar lo explicó desde la salud sexual y reproductiva bajo la suposición que la masculinidad hegemónica dota a los hombres de no tener que participar con un rol activo, así como a tener actitudes poco preventivas: “Al ejercer la salud sexual muchas veces entendemos que podemos hacer uso simplemente de la otra persona. A que entre más relaciones sexuales tenemos, nos hace más hombres. Sin embargo, siempre se deja de lado esta parte del cuidado y también del riesgo de contraer alguna enfermedad”.


Emmanuel cuestionó que la sexualidad se llega a ver limitada por tres aspectos: definir la heterosexualidad como lo normal, reducirla a que su único fin es la reproducción y que se enfoca en satisfacer principalmente a los hombres. También mencionó la importancia de dejar de normalizar la violencia sexual, dejar de justificar a los ofensores y cuestionar a las víctimas, así como cuestionar los pactos implícitos que llegan a existir entre los hombres para minimizar algún tipo de agresión.

Foto: Cortesía // Los profesionistas expusieron sus experiencias, puntos de vista y avances

Genaro repasó los estereotipos marcados dentro de la paternidad en la masculinidad hegemónica: la figura del padre como proveedor, el que se encarga del cuidado de todos, el que repara las cosas, incluso como la persona fría que no se permite demostrar afecto hacia sus hijos porque podría significar un rasgo de debilidad. En ese sentido, consideró importante repasar ese tipo de actitudes, debido a la responsabilidad que implica ejercer la paternidad, que llega a ser la primera imagen de lo que implica ser hombre.


Héctor repasó las relaciones de pareja y a cómo ayudaría aprender a vincularse de formas diferentes, sobre todo desde la posibilidad de ejercer la equidad en las relaciones afectivas: “Como hombre tengo que darme cuenta que tengo un privilegio social y para ser equitativo debo renunciar a ese poder, pero no es algo fácil. Yo en el ejercicio puedo intentar renunciar a ese poder, pero a lo mejor en mi pareja todavía queda esa sombra de otros hombres que estuvieron en su vida y aún tienen un poder por esa hegemonía de la que hemos hablado”.

El sistema que favorece a ciertas violencias para que sean ejercidas por ciertos sujetos en contra de otros


En la última ronda, referente a cómo y por qué transformar las masculinidades a través de la justicia restaurativa, Óscar compartió la importancia que tiene replantearse la violencia que se ejerce en contra de las mujeres y de toda persona que no cumple con el mandato hegemónico. Para él resulta importante reconocer los privilegios que se tienen; destacó que para aquellos que aun no comienzan a cuestionar su masculinidad, podría resultar poco agradable renunciar a sus privilegios, así que un primer paso es reconocerlos y compartirlos.


Para Emmanuel, la justicia restaurativa juega un papel importante en el cambio de las masculinidades pues representa una alternativa hacia el #sistemapunitivo, ya que ésta permite acciones como darle reconocimiento a las violencias estructurales, que los ofensores puedan tomar responsabilidad de sus actos, que las víctimas sean escuchadas, entre otras. Su valor radica en pasar de un castigo a una reflexión en la que sea posible aprender sobre una violencia y a partir de ello lograr un aprendizaje para que eventualmente desaparezca.


Genaro destacó que lo principal para lograr el cambio es reconocer el daño que puede provocar por actitudes devenidas de la masculinidad hegemónica, pero también la toma de responsabilidad al respecto: no basta con reconocer el daño, pues cambiar comportamientos, asumir compromisos y reparar el daño, son aspectos necesarios para avanzar.


En el caso de Héctor, la importancia de la justicia restaurativa es la apertura de espacios seguros en donde se les reconoce a los hombres ser personas emocionales, que pueden responsabilizarse de los daños, aspectos que en la masculinidad hegemónica no corresponden al arquetipo. Se trata de espacios de comprensión y reparación en los que, a través de eventos emocionalmente significativos, se ofrece la posibilidad de ser diferente.

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