• Erick Arenas

El misterioso velo por recorrer

La mujer sin cabeza, tercer largometraje de la argentina Lucrecia Martel, pone a su personaje femenino por el sendero del suspense y a la audiencia detrás de ella

Foto: Cortesía // María Onetto interpreta a Verónica en el filme de Martel

La lluvia, a consecuencia de una tormenta, cubre las ventanas de un automóvil. En el interior ocupa el asiento del copiloto una mujer madura de cabello rubio, que observa al exterior mientras un hombre en motocicleta se empareja al vehículo. Ella ve las gotas que caen sobre la ventana, distante, pensativa. Antes, ella ha sido la causante de un accidente: al conducir otro vehículo y por un descuido a causa de su teléfono celular, arrolla a un animal ¿O ha sido una persona? Tal vez un chico, que al inicio de la historia, juguetea con otros dos por un camino de terracería. La mujer ahora parece no tener cabeza, la ha perdido. Y la lluvia, que se sucede minutos después del accidente, no cesa.


Lo anterior pertenece a los primeros ocho minutos de La mujer sin cabeza (2008), tercer largometraje de la directora y guionista argentina #LucreciaMartel (Salta, 1966) y que continuó, como en sus dos filmes anteriores, con el esquema de mantener a la figura femenina en el papel protagonista.


Verónica, interpretada por María Onetto (Buenos Aires, 1966), es la mujer de cabello rubio que después del accidente comienza a ver su vida un tanto trastocada por la culpa. Cualquier otra persona, con un guion así, desarrollaría un drama donde ese estado mental permearía toda la historia en búsqueda de un momento, quizá, catártico. Pero no Lucrecia, que tanto en ésta como en sus dos películas anteriores - #Laciénaga (2001) y #Laniñasanta (2004) – envuelve en un velo de misterio, tanto a sus protagonistas como a quienes atestiguan la historia del otro lado de la pantalla.

Foto: Cortesía // Portada del DVD del filme de Martel

Y ese velo misterioso actúa en quien observa y le genera la necesidad de decodificar la historia propuesta por Martel, conjugando varios elementos que pone a la vista de todas y todos desde el comienzo y hasta el final. Onetto, que da vida a Verónica, le otorga a su personaje durante los 87 minutos que dura el filme, una angustia que nunca sobresale más que para verla superficie, aguardando el momento para declararse insana o sumergirse nuevamente cuando sepa que no es culpable. Ni siquiera su esposo y el hombre con el que mantiene un romance secreto saben lo que le ocurre. Se preguntan, sí, pero no llegan a concluir qué pasa.


Será más adelante cuando la misma Verónica “confiese” a los varones lo que ha hecho, y con el afán de ayudarla a salir de ese estado de inmovilidad mental, buscan pistas, cubren los posibles rastros del “homicidio” e intentan descifrar lo que en verdad ocurrió. Y no es tanto que no le crean, pero sí minimizan lo dicho por ella, atribuyendo todo a un error o hasta a uno de esos momentos en la vida diaria que parece que ocurre, pero que ha sido un juego de la imaginación. El misterio envuelve a Verónica, y aún con la verdad demostrada de forma aparente, ese velo no se va, ni siquiera para quien la acompaña como audiencia.


“Si algo tiene de interesante el cine es que se trata de un proceso en el que el espectador participa generando cosas cuyos límites no conocemos. Acentúo esa idea para sensibilizar una percepción en general muy domesticada”, dice Lucrecia, que reproduce Juan Pablo Ruiz Núñez en su texto para el número 128 de la revista mexicana La Tempestad, otorgando todavía más misterio a su forma de construir sus ideas cinematográficas.

Y la historia principal en La mujer sin cabeza, con sus propios vericuetos, no cubre en su totalidad la pantalla. Verónica continúa con su vida, reuniéndose con su familia, visitando a sus amigas. Cada una de ellas es tan distinta como el entorno en el que se desenvuelven. Verónica escucha más de lo que habla y todo ese tiempo persiste en su memoria el suceso del accidente.

Foto: AFP // Lucrecia Martel, sin pelos en la lengua

Lucrecia se acompaña de Bárbara Álvarez en la dirección de fotografía y Miguel Schverdfinger en el montaje. No hay más música y sonido que los diegéticos, es decir, aquellos que se desarrollan dentro de la historia. A partir del guión de la misma Martel, Álvarez presenta desde la cámara una serie de encuadres cerrados, comprimidos, que hacen sentir a quien ve la pantalla una especie de sensación de que ocurre algo más afuera que adentro, elemento que alimenta el misterio.


Una característica de interés que presenta la directora salteña en su historia es la relación que tienen los argentinos de antepasados europeos con los de origen indígena. Una relación colonizadora, que parece están construidos en la familiaridad del día a día, pero que no dejan de ser lo que en verdad son: una relación de poder entre aquel que lo detenta y el que por ningún motivo podría hacerlo. Esa característica, que se observa en sus anteriores películas, Lucrecia lo desarrolla en su totalidad con #Zama (2017), la última película hasta el momento de la directora y la primera con un hombre protagonista, interpretado por el mexicano Daniel Giménez Cacho.

Foto: Cortesía // Giménez Cacho en una escena de Zama

La mujer sin cabeza fue selección oficial en el Festival de Cine Internacional de #Cannes 2008 y compitió por la Palma de Oro, que le arrebató Entre les murs del francés #LaurentCantet. Ese mismo año, en el Festival Internacional de Cine de Río de Janeiro, logró el Premio de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (#FIPRESCI por sus siglas en francés). Es sin duda una de las mejores películas de la argentina y abre la puerta a explorar sus temáticas, y que ya se ha dicho, concentra su mirada en la mujer.


Así mismo, Lucrecia es una mujer sin pelos en la lengua; aparte de ser una talentosa escritora y directora, es directa tanto en su quehacer como su decir. El año pasado fue presidenta del jurado del famoso Festival Internacional de Cine de #Venecia en su edición número 76 y se negó a asistir a la exhibición, como forma de protesta, de un filme de #RomanPolanski, director que hasta la fecha tiene cargos por abuso sexual en los Estados Unidos, cometido en 1977 en contra de una mujer que entonces era menor de edad. Ahí una parte del cine argentino, que cuenta con una directora con la cabeza bien puesta sobre los hombros.


Ficha técnica


La mujer sin cabeza. Dirigida y escrita por Lucrecia Martel. Fotografía de Bárbara Álvarez. Montaje de Miguel Schverdfinger. Reparto: María Onetto, Claudia Cantero, César Bordón, Daniel Genoud y Guillermo Arengo. Producida por Agustín y Pedro Almodóvar. Duración: 87 minutos. El Deseo y Slot Machine


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